Al surgir como Estado independiente, el Perú debió definir su sistema político y el marco de sus relaciones externas. Durante esta etapa, los sectores liberales peruanos vieron en el sistema político de los Estados Unidos de América y de las democracias europeas referentes importantes para la reflexión sobre la institucionalidad democrática de la naciente nación peruana. Estados Unidos se percibía como un país emergente cuyo sistema político caracterizado por la división y autonomía de los poderes del Estado, con una judicatura independiente (Clayton. Estados Unidos y el Perú, 2002, p. 22) aparecía cercano al pensamiento liberal peruano.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la política estadounidense hacia el Perú fue impulsada principalmente por Cónsules, Encargados de Negocios y Oficiales Navales, procurando ampliar las relaciones e incrementar el intercambio comercial entre ambos países. Es así que en 1824, Estados Unidos nombró su primer Cónsul en Lima ante la naciente República del Perú, William Tudor, quien se convirtió en el único representante de sus intereses en nuestro país, hasta 1827.